25 mayo, 2020 Magdalena Reyes

¿Y si mejor emprendo?

En días como el de hoy, emprender se vuelve cada vez más tentador. Con un mercado laboral bastante contraído y con cifras de desempleo que siguen aumentando, escuchamos hoy con bastante más frecuencia la siguiente pregunta: ¿y si mejor emprendo? Pero emprender tiene sus riesgos y, más allá de éstos, vale la pena preguntarse también: ¿tengo yo un perfil de emprendedor? Acá algunas luces sobre cómo responder a esta pregunta.

En días como el de hoy, emprender se vuelve cada vez más tentador. Con un mercado laboral bastante contraído y con cifras de desempleo que siguen aumentando, escuchamos hoy con bastante más frecuencia la siguiente pregunta: ¿y si mejor emprendo?

Ser emprendedor pareciera además estar de moda. Palabras como startup, business plan, elevator pitch, incubadora de ideas, entre otras, son cada vez más usadas y pareciera que generan status entre los profesionales que las usan.

Pero emprender tiene sus riesgos y, más allá de éstos, vale la pena preguntarse también: ¿tengo yo un perfil de emprendedor? Porque no basta sólo con tener una buena idea. Se requiere también de ciertas habilidades y talentos, muchas veces innatos, que permitirán que este proyecto prospere y finalmente pase de ser una idea a un negocio, de un startup a una empresa.

¿Cómo son los emprendedores? Cuesta generalizar, pues sin duda hay de diversos tipos. Pero tal vez es posible identificar algunas características comunes, o al menos aquellas que representan una habilidad importante que permite a algunos emprendedores destacar por sobre otros.

Si hacemos el ejercicio de mirar a aquellos emprendedores que conocemos o a los que han adquirido mayor conocimiento público a partir de sus emprendimientos, es probable que encontremos ciertos patrones comunes. En general, podemos ver que los emprendedores exitosos tienen la capacidad de ser visionarios, de detenerse a mirar fuera de la caja, de tener una mirada distinta sobre el mercado, anticipando tendencias y siendo más perceptivos respecto a las necesidades actuales y futuras de los consumidores. De esta manera, son capaces de encontrar soluciones para satisfacer dichas necesidades y posicionarse como nuevos referentes, pues presentan soluciones ingeniosas asociadas a algún aspecto relevante de la vida de las personas.

Los emprendedores, por regla general, son además perseverantes, insistentes, soñadores y tolerantes a la frustración, pudiendo caer varias veces para volver a levantarse hasta lograr su objetivo. Este camino no está exento de riesgos y dificultades, por lo que sólo una persona valiente, que no teme a los cambios, a la incertidumbre y a los desafíos, estará dispuesta a asumirlos.

Un emprendedor nato generalmente desde pequeño presenta intereses en esa línea, mostrándose inquieto, creativo, innovador, negociante y atrevido. Asimismo, es altamente probable que este tipo de actitudes se reflejen en todos los ámbitos de su vida, como el deporte, sus hobbies, su vida personal y familiar.

Pero también es cierto que existen otro tipo de emprendedores, con perfiles casi opuestos, que vienen muchas veces a complementar a sus socios soñadores y creativos. Son ellos los que generalmente tienen la capacidad de implementar las ideas riesgosas y atrevidas de los primeros, quienes, dadas sus características, es muy probable que no cuenten con habilidades de organización, seguimiento y control muy desarrolladas. No basta con una idea fantástica y con una solución innovadora. Se requiere método para llevarla a cabo.

Así también muchas veces vemos que el de la idea brillante puede tener una mirada estratégica tan desarrollada que va en detrimento de su capacidad para comunicársela a otros de manera clara, empática y concreta, costándole conectar con las audiencias. Se vuelve en este caso importante apoyarse tal vez en alguien de perfil más comercial.

No pretendemos en esta columna definir los pasos para «alcanzar el éxito» en un emprendimiento, pues nos faltan años de estudio y conocimientos para hacerlo. Pero sí nos interesa transmitir la importancia del autoconocimiento en este proceso. Entender que los emprendedores o empresarios que logran trascender no son superhéroes con súper poderes. Por el contrario, se caen, se equivocan y se vuelven a levantar a partir de su humildad, de su capacidad de autocrítica, de su constancia y de su habilidad para nutrirse de los conocimientos y competencias de otros.

Por lo tanto, al momento de decidir si emprender o no, puede ser útil identificar las principales habilidades con las que cuenta cada persona, que representarán sus principales ventajas diferenciadoras, así como también aquellas características que se encuentran menos desarrolladas o ausentes y que podrían resultar perjudiciales para el éxito del proyecto. Teniendo este conocimiento, se podrá destinar esfuerzo a desarrollarlas o bien buscar en otros el talento que nos hace falta, formando un equipo efectivo para el desarrollo del negocio.

En Krebs Consulting contamos con amplia experiencia asesorando a profesionales que se encuentran en etapas de transición, decidiendo si continuar empleados o tomar el camino hacia el emprendimiento. Además de nuestro expertise y metodología de coaching, nos apoyamos también en una potente herramienta que, a partir de estudios de la Neuriociencia y de la teoría de Carl Jung, nos permite identificar el Talento Innato de las personas. Así, a través del Test de Benziger (BTSA), podemos ayudar a los profesionales a detectar aquellos talentos que les son innatos y que por lo tanto les permiten enfrentar con mayor éxito los desafíos a los que se enfrentan, así como aquellas habilidades que fluyen de forma natural en ellos. Podemos de esta manera visualizar aquellas actividades en que más destacan, las competencias que se sienten más cómodos desplegando y por ende las tareas o tipos de trabajo que más disfrutan realizando, con consiguientes mejores resultados.

Así también, el BTSA nos permite mostrar a las personas cuáles son las competencias que más las desgastan y aquellos tipos de trabajos que implican un mayor esfuerzo de su parte pues no les resultan naturales. De esta forma podrán enfrentarlos con la consciencia de que les son más difíciles, buscando las estrategias necesarias para compensar ese desgaste y cuidar la calidad de los resultados.

De esta forma, en el proceso de decisión y de transición hacia el emprendimiento debieran entrar también variables como: ¿Qué falta en mi para que mi idea prospere? ¿Qué habilidades no tengo y debo buscar en otro? ¿Qué perfil debiera tener un potencial socio, que logre de esta manera complementarme? ¿Cuáles de mis características podrían ser potenciales descarriladores en este proyecto y afectar el éxito de éste, debiendo por tanto estar atento a ellas? ¿Qué tipo de tareas no disfruto, me desgastan y por lo tanto es mejor tercerizar o delegar en otro?

Sin duda en el éxito (o fracaso) de un negocio influyen un sin número de variables. No queremos parecer arrogantes haciendo creer que tenemos la respuesta a una pregunta crucial para determinar si mi proyecto será exitoso o no y si vale la pena correr el riesgo. Sin embargo, entendemos que, dado el contexto, la pregunta de si reunimos o no las características necesarias para emprender está hoy más presente que nunca y creemos firmemente que podemos, con nuestra experiencia, ayudar en algo a despejar esas dudas y principalmente a entregar herramientas concretas que faciliten el proceso a través del autoconocimiento.