12 febrero, 2014 Constanza Ossa

La Estética en el Trabajo

La Estética agrega valor en cualquier oficio, cautivando, generando ambiente y alegrando la vida de otros a través de la belleza y el trabajo bien hecho.

Se piensa que la estética se ocupa únicamente del arte o de la belleza. Por el contrario, pertenece al ámbito de todo lo sensible, de las emociones producidas por las sensaciones que se dan en cualquier espacio, campo de acción u objeto, incluso en ambientes y actos cotidianos, del día a día. Bien lo saben las dueñas de casa, que con mucha pericia logran inundar de arte y belleza los hogares.

La Estética es también parte importante en el trabajo. Es evidente si se observa el quehacer de Diseñadores, Artistas y Fotógrafos. Algunas profesiones incluso brindan homenaje a ello, premiando aquellas piezas o experiencias que destacan en lo estético, como lo son el Cine y la Literatura. No obstante, la Estética es relevante también en oficios sencillos. El arte del trabajo bien hecho, el detalle que sorprende, la sonrisa, el cuidado, agregan valor en todo tipo de actividad, desde la de un Portero hasta la de un Gerente de Marketing.

Puede pensarse que el trabajo bien hecho es el mínimo esperable. Pero cuando hablo de trabajo bien hecho, no me refiero sólo al contenido. Efectivamente, en éste no puede haber errores. Pero el trabajo bien hecho desde un punto de vista estético va más allá. Es aquel que genera ambiente, que cautiva, que tiene algo de misterioso, que invita. Las personas que integran la estética a su trabajo son aquellas que tienen la habilidad de combinar el conocimiento técnico con el diálogo, la competencia con la cercanía, el dato duro con la emoción, dándole importancia tanto al contenido como a las formas y a la muchas veces menospreciada imagen.

Generalmente se ha dejado a un lado la preocupación por la Estética en el trabajo, priorizando los resultados y la acción. Se entiende que esto suceda ya que cuesta medir el impacto de lo Estético, y nuestras mentes están acostumbradas a evaluar todo en función de números.

Pero como dice Rosa Montero en su libro “La Ridícula Idea de No Volver a Verte”, todos necesitamos de la belleza para que la vida nos sea soportable. Una imagen bien cuidada, una sonrisa dedicada, un trabajo pulcro y bien terminado, puede generar sensaciones tan agradables y emocionarnos igual como lo puede hacer una pieza de arte. Así, desde nuestra actividad, podemos hacer la vida más grata a otros, y tal como las dueñas de casa lo hacen habilosamente, contribuir a generar un sabor de hogar en los lugares de trabajo.